lunes, mayo 06, 2013

Un largo rato. (I)


Uno suele percatarse del tiempo… pues, todo el tiempo y aunque el sexo, las drogas y el alcohol, aparentemente distorsionan su velocidad, éste pasa igual de rápido para alguien que se está tirando desenfrenadamente a una joven gimnasta, que para un sujeto que, recientemente, fue empalado del culo por un gorila gigante y abandonado en un árbol a medio morir.

Yo no conozco a nadie que se lleve bien con el tiempo. Es más, yo creo que no se lleva ni con la muerte como todos creen; si nos detenemos a pensarlo, el tiempo representa chamba para la muerte. Y nadie tiene empatía por alguien que le da trabajo.

El tiempo es culero, en especial cuando se nos acerca y, de cierto modo; aunque siempre omnipresente, se hace más notorio. Por eso, cuando nos acordamos de él, cuando se nos acerca de más, suele haber ciertas connotaciones negativas. ¿A poco no?


  • ¿Cuánto tiempo falta?
  • ¿Cuánto tiempo tengo?
  • ¿Cuánto tiempo he perdido leyendo pendejadas sin reírme ni un poquito?

Ponerse a contar chiles con el tiempo siempre está de la chingada, y cuestionarlo, pior; y es que independiente de la respuesta, de una u otra forma, siempre llegas a otra pregunta: ¿Cuánto tiempo ha pasado?


-¡’Sé’Milan! ¿Cuánto tiempo’ha pasado’güe!

-¿Pero quién demonios?
-¿…?


Metatron's Lounge presenta:
"La Vida Detrás del Mostrador."

Un largo rato. (I)


-Tú er's Milan ¿verdá'güe?, ¡Milan Vosak!

-Y tú eres un desconocido… Pero permíteme corroborar en el archivo: Veamos… familia… Nope. Amigos… No, nada. Cuates, conocidos y arraigados… Tampoco. Veamos en “Celebridades locales”… Nothing… ¡Espera! ¡Aquí hay algo! No eres un desconocido, ¡eres un desconocido molesto!
-Sí… Ése es mi nombre…


Siendo contundentes, es ¡de la chingada! Que alguien te reconozca y que lo único que sepas de la persona frente a ti es que sabe hablar algo muy parecido a tu idioma.


-¡No mam's güe! So'el Rafa.

-¿"So'el"? ¿Pues qué eres Kriptoniano?

Quiero suponer que el nombre que te dieron los granjeros que te recogieron fue "Rafael". ¡A ver! ¡Introspección! ¿Qué me dice Rafael? ¿Cantante de hueva que escucha mi madre? No. ¿Tortuga Ninja? No. ¿Pintor renacentista que inspiró el nombre de una Tortuga Ninja? No…
-Claro… ¿Rafa?


El humano es cínico por naturaleza y su cuerpo es un ejemplo. Tanto de la frase como del cinismo.

Se supone que el cuerpo está ahí para hacernos el paro y llevar nuestras conciencias de un lado a otro mientras las expandimos a través de los placeres y los dolores de la vida.

Pero también es bien bueno para delatarnos sin palabras y, de manera completamente involuntaria, decir absolutamente todo lo que no queremos decir. ¡Gracias cuerpo!


-¡So'el Rafa'güe! No te'cuerdas ¿verdhd?

-Nop. Ni puta idea.
-Claro… Rafa…


El cuerpo no se queda callado, y si uno no sabe controlar sus emociones, éstas pueden encargarse de que a través de pequeños tics, sudor y miradas, des discursos completos en total silencio; terrible, en especial si tienes a un sujeto sonriente que, insiste en conocerte… Algo es claro, las nuevas rutinas comienzan a cobrar sus facturas, y no puedes dejar de pensar que esto no habría pasado si no hubieras venido a tomar tu café aquí.

Porque hoy es un día en el que un sujeto vestido de pantalón blanco y camisa a cuadros rosa, abierta hasta el tercer botón, te obliga a contar los catorce pelos que se descubren en su pecho; así como a deducir que comió carnitas y un consomé de barbacoa; mientras invade tu espacio personal como si fueran los grandes amigos que, según él, dicen ser.

Para él es camaradería. Para ti. Eternidad.


-No manches Milan. Ta'boeno que hace com'mil que no nos vem's pero no'gas'lo'so de'gnorar a tu papirrí.

-¿Dijo ”papirri”?, sí… dijo papirri... Muy bien, este es un excelente momento para comenzar a preocuparme… ¿Cómo por qué chingados conozco a un pendejo que habla, viste, y tiene el aliento de este pendejo? ¿De qué agujero olvidado por los cabezones de La Isla de Pascua salió? No se ve muy asiático que digamos, así que Mongolia queda descartado… ¡Ah ya! Ya, ya, ya… ¡Lo tengo! Seguro es oriundo de "Estúpido".
-Rafa… Rafa… Bu… ba-na-fa… De… ¿La…? ¿Es… cue-lafa…? ¿Del Club de…? ¿La escuela?


Un día, mientras cambiabas los canales de la tele, viste un comercial de comida para perros en el que sale un dálmata.

Recordaste el día que viste los "101 Dálmatas" con tu bisabuela.

Quien, como toda revolucionaria longeva, te enseñó a disparar un rifle.

Con el que te golpeaste innumerables veces antes de atinarle a una lata a menos de 100 metros de ti.

Y con el que mataste a ese único conejo que, hasta la fecha, atormenta tus pesadillas.

Seguro hoy sueñas con ese puto conejo zombi…

Pero no fuera recordar el nombre de un cabrón que te quieres quitar de encima porque ahí sí se cierra la enciclopedia de tu vida.

Tú necesitas ayuda y tu mente dice: "¿Qué crees? La bibliotecaria que administra el archivo de tu cerebro resultó ser una actriz porno y ¡en este momento se la están gangbangueando en tu hipotálamo!".

Puta mente. Puta.


-No manches Milan… ¡So’El Pulques!

-¡VergasnomamesqueeresElPulques! El Pulques era un jabonoso adicto a los pulques y al rechazo femenino… por su cabezota. Y su panzota. Y su cabezota. ¡NomamessíciertoeresElPulque! ¿Qué te pasó? O más bien, ¿qué te hiciste? Porque, o le entraste duro al chocho, o las grapas en la panza o al ejer… jé… ¡Jé! ¿Al chocho o a las grapas?
-¡Claro! … ¡Rafa!


Y una vez que tu mente se relaja y se limpia la cara de los mecos de un montón de pornógrafos, te das cuenta de la injusticia del asunto. ¿Por qué la gente se siente con el derecho de hablarte sólo porque te conoce? Tú conoces a Edward Norton y no por eso lo saludas cada que lo ves en la calle. Que no se ha dado el caso. Pero podría.


-¡A’oebo te’bas'acordar con'so! ¿Cómo has'tado'sé Milan?

-¿Si te digo que desde que llegaste (de nuevo) a mi vida estoy un poco peor sonaría igual de cliché que tú? Aunque, más importante aún, ¿lo entenderías? Porque yo sí procuro usar todas las vocales y consonantes que Dios tuvo la merced regalarle a su creación.
-Bien… ¡bien!, bien.


-¿Sab's qué güe? Siempre m’preg’nté por qué nai’te decía "Milanesa".

-Porque no todos crecimos expuestos al tinner. Por eso.
-Sí…


-¡P’che Mílan! Igual’e cayado que’n la prepa’caún.

-¿De qué hablas? ¡Me encanta conversar! Mi problema es que sólo puedo hacerlo con humanos…
-¡Já! Sí… ya me lo habían dicho.


Lo peor de dos personas que sólo tienen en común que "se tienen en común", es que el tema de conversación se termina pronto.

Una vez establecido que se conocen, ¡se acabó! Ya no queda ni madres de qué hablar. Uno podría ahondar en los detalles de la vida de la otra persona y conocerla, sin embargo, no hay que ignorar que, por algo, lo único que saben el uno del otro, es que existen. Y en tu caso, a medias.

Y comienza el incómodo silencio. Y comienzas a preguntarte dónde quedó todo ese puto discurso corporal; mira que en este momento te ayudaría uno energético… en forma de epilepsia.


-¿Sab’s a quién me'nconté güe?

-¿Por qué preguntas eso? Obviamente no tengo ni la más rechingadísima idea de a quién te encontraste. Y neta… ¡no mames! Aunque no es técnicamente imposible, sí está muy pinche y/o puto improbable adivinar a quién te encontraste.

¡Más! Si consideramos que saludas a cuanto pendejo te encuentras en la calle. Y ya si queremos meterle veneno a este licuado de alacrán, seguro eres de los que creen que todo tu círculo social se conoce…

¡Hueva por adelantado! Ya veo venir la conversación en la que me hables de algún "Roger", o "Diego" o "Titi" como si yo fuera el doctor que asistió en el nacimiento de todos los habitantes de “Estúpido”.
-¡Ay güey!, no sé… ¿A L'Chú?


-¡Al L'Chú! ¿Cóm’supiste? ¿Te’ijo que se’ncontró con tu papirri?

-¿Por qué no puedo hacer lo mismo con los números de la lotería?

¿Será porque mis banales aspiraciones carecen de nobleza? Soy honesto al decir que, de ganarme la lotería, usaría el dinero en aras del bienestar público. Como en una escolta de mercenarios beduinos que borren todo rasgo de simetría de las caras de idiotas con pantalones blancos y camisas rosas…

¿Será que extraño tanto una charla con alguien pensante que por eso pensé en L’Chú?
-¡Órale! ¡Qué padre!


Sientes que el silencio incómodo terminará con una conversación, llena de las anécdotas, virtudes y cualidades de un conocido en común infinitamente más carismático que el individuo que tienes de frente. Pero no.

Si algo nos ha enseñado miarnos en los pantalones, es que la incomodidad siempre se las ingenia para expandirse. No importa cuán molesto sea aguantarse las ganas de la chis, rendirse ante el esfínter sólo nos dará unos pantalones miados; y esta conversación es justo eso. Unos pantalones blancos y miados.


-Me'cae com’medio mal. Com’que's muy…

- ¿Diferente a ti? ¿Como el blanco "Ying" y el negro "Yang", donde tú serías "Tinghi", el apéndice grisáceo y pendejo?
-¿Buena persona?


-Como que's muy buen’onda. ¿no?

-Supongo que para ti "buena onda" es invitar los pomos, embriagarte hasta elevar a la novena potencia todo lo que, literal y figuradamente, apesta de ti hasta que:

a) Caigas dormido.
b) Caigas noqueado.
c) Qué hueva

¡Noticia de última hora!

Me informan que un hombre de nombre "Rafael" se encuentra merodeando en las cafeterías de la Ciudad de México. Extreme precauciones, este sujeto que aborda a gente inocente fingiendo amistad. ¡Tenga mucho cuidado! Repito: ¡Tenga mucho cuidado! Porque este hombre ¡APESTA A VAS Y CHINGAS A LA PANOCHA DE TU PADRE! ¡Sí! ¡A LA PANOCHA DE TU PADRE Y A LA VERGA DE TU MADRE! ¿Cómo es posible que te conozca tan poco y te odie tanto!
-Sí, L’Chú me caía… Me cae, muy bien.


-Pero te digo'e… como que's muy, pero muy-buen-pedo.

-¡Definitivo! No somos de la misma dimensión. No caminamos en el mismo plano de existencia. Tal vez uno de nosotros vive con un segundo de diferencia dentro de un vórtice cuántico y nuestras realidades son casi las mismas.

Casi. Pero nunca las mismas.

Y esas pequeñas diferencias son las que me hacen desear vivir en una dimensión en la que sea legal enjuiciar a alguien sólo por ser tú y la pena sea morir en las manos de un gorila gigante que empala gente por el culo y los deja a medio morir en las copas de los árboles.
-Rafa… Me dio gusto verte. Me tengo que ir.


Lo dices calmado, con una sonrisa, con el tono más honesto que tienes; tu entonación es clara y neutral, el volumen, perfecto, ni tan bajo que no se escuche, ni tan alto que pareciera que gritas.

Pero ¡puto lenguaje corporal! A huevo te tiene que traicionar tu cuerpo, tu nave, tu palacio, tu perra chismosa que te echa de cabeza y fornica con mamados en tu biblioteca privada. No necesitaras un ataque epiléptico porque ahí sí te la pelas..


-Seeehhh… I'a'sé que nunc’les caí bien… Pero no hay fijón.

-Me alegra tanto que, a diferencia mía, seas tan maduro como para aceptar que, en efecto, puedes ser odiado. En abundancia. En exceso. E intensamente. Por mí. ¡Lapa!
-No lo tomes a mal Rafa…


-No… No… ’tá bien güe… el'L'Chú y tú’ran los broders ¿no…? ¡Oye! Me dijo que si te veía, te pasara su núm’ro güe, para que le llam’s.

-¡Obvio! Tenías que esperar a que te mandara a chingar a tu madre para decirme que tenías un recado ¿Cómo es tu proceso de pensamiento? ¡Por favor!; necesito saber cómo piensas y cómo crees que pasan las cosas.

¿Sabes? Creo que es mi obligación a abrir tu cabeza y diseminar tu cerebro. Te prometo que, aunque no tengo ni puta idea de cómo hacerlo, todo será en el nombre de la ciencia.
-¡Qué bien! ¡Gracias!… Gracias por el recado.


-Va güe, ¡y nom’s para que’eas…!

Pa’que’eas que soy buen’onda… Te lo gua’dar… te gua'dar su número… Pero antes, siéntate y tómate un café conmigo.

-¡Danger Doctor Robinson! ¡Danger!
-Pe… ¿perdón?


-‘Nche Milan… mira… no quiero ‘star solo… Aunque sea un ratito güe... ¡quédate!

-¡Patetic Doctor Robinson! ¡Patetic!
-Sí, por supuesto… ¡Es más! ¡Mira! Mi taza sigue llena...


No puedes ignorar que ni te acordabas de este cabrón… Podría ser un secuestrador… o un replicante. ¡Por favor! Que sea un replicante… por lo menos tendrías un buen pretexto para eliminarlo.

La realidad es que ya reconociste esos ojos, esa nariz y esa estúpida sonrisa en esa gran cabezota, donde ves su honestidad. Puedes sentir cuán solo se siente este cabrón ¿por qué? Ni puta idea, sólo sabes que no quieres ahondar en los problemas de un posible replicante.

El tiempo comienza a pasar frente a ti y, mientras más cerca, más consciente estás de su presencia; que es cuando más lento pasa.

Y todo, absolutamente todo, se ve peor cuando estás tan cerca del tiempo que puedes sentir sus testículos frotándose en tu cara.

Tu taza de café se convierte en una caldera de amargura con Splenda durante quince minutos. Un intercambio de números y un forzado apretón de manos que deseas jamás repetir sellan el momento.


-Sal'güe… S'ahí que ve’s a L'Chú me lo saludas güe… ¡Ah! Y dile que m'marque para'cer bisnes.

-So’el Rafa, hijo de Tu’Jefe, nieto de Tu’a Buelo. Yo te regreso tu título de desconocido y de ser intrascendente en mi vida. Apenas esté en mi automóvil borraré tu número de mi teléfono en ofrenda a mi cordura.
-Sale Rafa, cuídate.


Tu café ya se amargó, pero por lo menos, tienes la posibilidad de recuperar un buen contacto… Héctor L’Chú, qué buen amigo era L’Chú.

A este cuate lo conociste en la preparatoria, en aquel entonces era un “raro”, por dos razones.

Hablaba con un acento diferente.
Su apellido es L’Chú.

Obviamente uno se cuestiona de dónde viene un apellido que suena como un estornudo, la respuesta es Jamaica.

L’Chú y sus padres llegaron a México por ahí de 1985, para ese entonces, L’Chú ya hablaba inglés, francés y español; los tres idiomas rotos, pero vaya, ya sabía hacer más monadas que los niños de su edad.

Un sujeto con un apellido y acento raro es casi igual de extraño que uno callado que evita el contacto humano a toda costa. Sólo era cuestión de tiempo para que algún maestro decidiera juntarlos a realizar trabajos en equipo.

¿Quién lo diría? Por primera vez, el clasismo y la segmentación de las escuelas privadas sirvió para unir a dos mentes afines.

L’Chú, hippie, desmadroso, carismático, responsable, desprendido, con un ácido y gran sentido del humor… todo lo que un buen amigo debe de tener. Para tu fortuna, todo era opacado por los prejuicios que pueden despertar por algo intrascendente como un apellido y un acento.

Si L’Chú se hubiera llamado Hector López, jamás lo hubieras conocido. Ni a él ni a la marihuana, porque obviamente, como cualquier otro estereotipo jamaiquino, L’Chú sabía de mota. Y vaya que sabía.

Gracias a L’Chú, la prepa no fue el infierno que pudo ser. Eso estaría reservado para la universidad. Época para la que L’Chú desapareció.

Lo último que supiste de él es que se fue a dar la vuelta por el mundo, alguna vez intentaste usar Internet para encontrarlo, pero no hay rastros de su existencia virtual, no te sorprende, nunca fue muy sedentario que digamos.

Pero ya tienes su número, checas la hora y estás a buen tiempo para recuperar ese contacto perdido. Tomas el teléfono y marcas.

Suena…

Suena…

Otra vez suena…


-¡Hail! ¿Quién es?

-El amo y King of Fighters 95.
-¡Hail L’Chú! Soy Milan Vosak, de la prepa… Milan, el que siempre te ponía en tu madre con el Iori Yagami.


-¿Yuri Yag…? … … ¿Mila’? ¿Mila’ Vusak? ¡Matey! Me mon ¡Mia’!

-El único e irrepetible, lo sé, lo sé, me he posicionado tanto en tus pensamientos secos, como en los húmedos. No te sientas mal L’Chú, sé que soy inolvidable.
-Ya deja de pensar en mí, me abrumas Héctor.


-¡Rafa habló! Deejo que hablareeas.

-Claro… ¿Por qué no arruinar la única sorpresa que legítimamente he querido darle a un amigo que hace años que no veo? Probablemente es una costumbre en “Estúpido”.
-¡Pinche Rafael! ¡Que no mame! Yo te quería dar la sorpresa.


-¡Kiss me neck mon! ¡Raatid! ¡Hay que vernos!

-¡A-güevo que hay que vernos! Para conseguir tu contacto tuve que fumarme dos horas en “tiempo-mosquito-de-la-fruta” con El Rafa, ¡fue casi media vida!
-¿Qué pedo? ¿Dónde estás?


-¡En Amshouse mon!

-Sí… algo “house”… clarísimo…
-¿Dónde vergas está tu casa?


-En AMS-HOUSE… ¡MON!

-Puta madre… cada día hablas más… no, no mames… ¡Nooohhh…!
-¿Amshouse? ¿”Amshouse”?


-Amshouse.


Tus recuerdos de la prepa comienzan a emanar de uno de los baúles de tu memoria. Recuerdas a dos inadaptados sociales jugando Super Nintendo y PlayStation. Debatiendo las razones por las que Boba Fett es o no un personaje clave en Star Wars, perdiendo incontables horas viendo películas de Godzilla y, por supuesto, fumando mota.

Todo cuesta más trabajo cuando se es pendejo; incluyendo caer en las drogas. Así estudies en la “afiliación a la Secretaría de Educación Pública” más sarra de México, si eres pendejo durante tus años de prepa, es probable que los únicos toques que conozcas hasta que llegues a una edad adulta, sean los eléctricos.

Inadaptado y pendejo, pero siempre con buena fortuna y gracias a ella, conociste a L’Chu, pero más importante, a los padres de L’Chu y a su diferente (por lo menos para 1995) forma de pensar.

Los padre de L’Chu eran una maestra y un abogado, los dos bastante exitosos y ocupados. Pasaban poco tiempo con L’Chú, pero siempre fue tiempo de calidad.

Ambos mostraban interés en el amigo de su hijo, se preocuparon en caerte bien y en integrarte a su pequeña familia y a sus tradiciones. La favorita de todos consistía en “quemarle las patas a Satanás”.

L’Chu y sus papás vivían en una casa en el Estado de México. Con un gran patio con jardín, un garaje para varios coches, una terraza trasera con piscina y una azotea, con un pequeño invernadero donde cultivaban flores para el jardín y pasto para reír.

La primera vez que participaste en las tradiciones de los L’Chú, caíste como Jack Nicholson al final de Batman, riéndote y duro. Estabas tan pacheco que la gravitación cambió, el suelo adquirió más fuerza por culpa de las alquimias gánjicas y, según tú, sólo tendido en el suelo, podías mantener el equilibrio de la Tierra. Completamente racional.

Mientras salvabas al mundo, el padre de L’Chú te miró y dijo: “This is no Amshouse”.

“Amshouse”… La palabra hizo tanto eco en tu cabeza que no pudiste dejarla ahí y escapó de tu boca una, y otra, y otra, y otra vez durante toda esa tarde. La próxima vez que L’Chú te invitó a su casa, se refirió a ésta como “Amshouse”. En honor a tu primer ataque de incoherencia marihuana. Cabe mencionar que “Amshouse” quiere decir “Refujio para vagabundos”.


-¡Yah’ matey! ¡Amshouse! Dada y madda me dieron tha gates. Llevo meses.

-Espera… ¿Estás diciendo que tus padres te dejaron a cargo de un inmueble equipado con todo lo necesario para replicar cualquier fiesta de cualquier comedia gringa? ¿A ti?
-¿Qué pedo? ¿Operaron a tus papás del cerebro?


-¡Jajaja! ¡No-mon! They’Retire en Jamaica. ¡Anda! ¡Ven a Amshouse!

-No hay nada mejor qué hacer, es fin de semana, ya arruinaron mi mañana, no veo porqué dejar que mi tarde se apeste.
-Llego como en veinte minutos. ¿Necesitas que lleve algo?


-Mmm… Nah… Darkers… ¡neh!… Déjame ver… Sí ¡Condones!

-Y así, de vergazo, mi tarde se arruinó…
-No digas mamadas… hablo de chelas, refrescos, cigarros…


-¡Nah matey! Aquí hay plenty… necesito condones… y lub…

-Okey L’Chú, me cae bien, muy pinche bien, de verdad. Y sí, admito que te extraño y, no sé… ya que andamos de sincerotes, alguna vez a media pacheca sí me plateé la idea… de ser gay, podríamos… ser… como amigos… ¡El punto es que no soy puto y no voy a llevar condones para que te ponches mi chiquitín!
-A ver… Al chile güey… ¿Hay algo que me quieras decir?


-¿De los condones?

-Sí pendejo, de los condones que vas a usar para forrarte el embutido y enchorizar mi torta.
-¿Eres gay?


-¿Guei? ¿Cómo mamma man? ¡No! ¡No! ¡No…! ¿O lo dices por matey? ¡Ahhh ya! ¡Por los condones! Tú me preguntaste si necesitaba algo, y sí, necesito condones y lub… Como unos $3,000 en condones y unos $1,000 en lub. Aquí te los pago.

-¿Estás hablando en serio?
-¿Es en serio?


-¡Que sí matey! ¡Jajajaja! Te veo en 20… ¡Necesito los tickets!

-Hay momentos en la vida, cuando cosas que, para muchos son triviales, para uno resultan especiales, como esa primera vez fui zoológico sin mis padres, o ese primer cheque a mi nombre a cambio de mi trabajo o éste, cuando uno de mis mejores amigos me pide los insumos de una producción pornográfica…

¡Ay en la madre…!

¡Por las vergas que serán insertadas! Este hijo de la chingada rentó su casa para una película porno.
-No mames L’Chú, ¿rentaste tu casa para una porno?


-¡Jajajajaja! ¡No mon! Tú traelos, me harías un gran paro.

-Justo eso temo.
-Justo eso temo.


-¡Jajajajaja! Oh-Mila’, ¿me los traes o no?

-¿Prometes que ninguno entrará por ninguno de mis orificios? Y hablo de todos.
-Okey, pero promete que no seré penetrado.


-Eres un mamma man. ¡Jajajaja!

-¡Prometedlo!
-¡Cabrón!


-Lo prometo, tha hood in tha hood. Nada entrará por ninguno de tus orificios. Te veo en 20.


L’Chú siempre ha sido diferente, tal vez por eso te simpatiza; bien lo dijo Einstein, “hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes es una locura”, por lo tanto, siguiendo ese tren de pensamiento, el derivado de comprar miles de pesos en ñongavolturas, no puede ser locura. ¿Verdad?

Tomas tu automóvil y, de camino a Amshouse, pasas a un Sam’s Club. Estacionas tu coche, tomas un carrito y te diriges a la sección de farmacia.

Comprar condones nunca ha sido tan simple como debería serlo. Ya sea el que te atiende, o los otros clientes, siempre hay alguien que te mira feo, como si esa persona sólo cogiera para reproducirse y nunca por diversión.

No es nada irónico decir que comprar condones para alguien más está de la verga. Las caras juiciosas de la gente se potencializan cuando es un encargo, aún más, cuando tomas condones y lubricantes de todas las marcas como si estuvieras realizando algún tipo de sexy estudio de mercado.

Una vez que te das cuenta de que, en efecto, llevas un chingo de condones, comienzas a pensar que no es tan buena idea ir a pagar. Puedes soportar las miradas de los clientes anónimos que te rodean, pero con, en este caso, LA cajera… con ELLA sí tienes que interactuar.


-¿Todo?

-¡No cómo cree!, fíjese que tengo una duda. ¿Es verdad que se siente más rico con los condones texturizados o es sólo un mito publicitario? De ser un mito, con cuál se siente mejor.
-Sí. Todo.


-¿Efectivo, tarjeta o vales?

-A ver, deje ver si traigo en mi bolsa con el “vuelto” para comprar cientos de condones.
-Tarjeta. También deme dos bolsas…


Es odioso que en Sam’s Club no den bolsas complementarias gratis, simplemente es una mamada. No sólo cobran por entrar a comprar, también te cobran por el medio de transporte de la mierda a granel que venden.


-¿Es todo?

-A ver pendeja… ya sé por dónde va esto… quieres restregarme en la cara cuán incómodo es tu trabajo expandiéndolo a través de conductas pasivo-agresivas. Pero te la vas a pelar, porque… ¡Uh! ¡”Drag me to Hell Uncut”!
-No, no… También me llevo esta película.


-Son cinco mil cuatrocientos noventa y cuatro pesos. ¿Me permite su tarjeta y su membresía?

-Aquí tienes toda la membresía que necesitas para esos condones nena.
-Sí, aquí tiene.


Pagas, guardas el ticket, te subes a tu coche y, ahora sí, a Amshouse…


Ruvalcaba comenta:

¡Hey! Cuando toda la historia haya sido publicada, será muy estúpido resaltar que me emociona imaginar qué sigue, pero hasta para mi estulticia, soy visionario. 

Regrese mañana para ver lo que sigue en La Vida Detrás del Mostrador. De Deavid Author.

Ya te extrañaba condenado.

Si quieres leer la segunda parte, nomás tienes que pucharle aquí.

7 comentarios:

Ozick dijo...

MOOOOOAR! Esto se lee excelente,

Sir David von Templo dijo...

¡Cómo extrañaba a Milan! No puedo esperar a la segunda parte…

Jve Kt dijo...

Muy buena Author, esto es lo que hacía falta.

PachonV dijo...

¡No mamar! Deseo el siguiente capitulo.

PachonV dijo...

Lograste intrigarme, ahora el tiempo que pase en el trabajo se distorsionara para ser más lento y empiece a patear gente.

Sir David von Templo dijo...

En ocasiones pienso que Milan a de haber ofendido a alguna deidad en su vida pasada. A una deidad particularmente rencorosa...

Saludos Author

Hattori dijo...

"Enchorizar mi torta."



JAJAJAJAJAJA.



Ay, ya, no voy a poder comer nada que tenga chorizo en un buen rato...sin reírme.

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