martes, mayo 07, 2013

Un largo rato. (II)


Metatron's Lounge presenta:
"La Vida Detrás del Mostrador."

Un largo rato. (II)


Hace años que no vas a Amshouse, recorrer las avenidas que te llevan a la casa de la familia L’Chú te recuerdan esas épocas en la preparatoria, cuando todo era más simple, la rutina, las reglas sociales, la familia, los amigos, los chistes.

Es relajante añorar la simpleza de otras épocas. A pesar de ser lejanas, irrepetibles y probablemente, irrelevantes, éstas se recuerdan con felicidad y muchas veces, aunque intrascendentes, representan una serie de logros personales, triviales en su gran mayoría, pero ¡hey! Algo se hizo.

Gran diferencia con la nostalgia a secas, ésa es amarga y culera. Únicamente nos recuerda lo poco que hemos aprendido durante el (mucho) tiempo que hemos pasado en el planeta.

Entre recuerdo y recuerdo llegas a Amshouse. Bajas de tu automóvil, tomas una gran bolsa de condones y tocas el timbre. A lo lejos escuchas una voz familiar saliendo de un sujeto que viste sólo una sudadera color rosa igualito a John Turturro en “The Big Lebowsky”. Pero sin pantalones.


-¡Mila’! ¡Me matey!

-Fucking Quintana… ¡Es decir! ¿Qué vergas te pasó?
-¿L’Chú?


-¡Hail! ¿Cómo has estado?

-O yo me he cuidado más de lo que creía, o tú te has dado mucho a la chingada… ¿Desde hace cuánto que no te rasuras? Y viejo… no sé quién te dijo que las rastas combinan con tu sudadera rosa, pero es un hijo de su pinche madre que olvidó decirte que no combina con tus piernas
-No mames, ¿qué te hiciste?


-¿De qué hablas mon?

-Así, de primer chingadazo de vista… ¡Qué pinche puto pedo con tu imagen? ¡Estás entre un rasta estereotipo y “El Jesús” del Big Lebowsky.

Ahora que si vamos a un nivel un poco más profundo, ¿qué pedo con ese olor? ¿Ahora te bañas sólo cuando llueve? ¡Cabrón! Nomás de verte hasta olvidé la bolsa de condones que me pediste.
-¿De verdad te lo tengo que decir? ¿No lo deduces?


Lo que para algunos es necedad, para otros, es persistencia y los seres humanos somos persistentes; o necios, eso ya depende del contexto y de los actores.

Algo en lo que somos especialmente persistentes es en romper con la rutina. Todos los días. A todas horas. Cada que podemos… Intentamos salir de nuestra cotidianeidad, que no está mal, siempre y cuando tengamos cuidado de que nuestros intentos por “romper la rutina”, no se conviertan en una nueva.

Y es que ese constante intento de salir de “Monópolis”, es lo que nos lleva a encontrar unas zonas de confort, llenas de pequeñas excentricidades que, por algún motivo que sólo cada uno de nosotros entiende, nos hacen felices.

Uno está tan cómodo con esas “pequeñas cosas” que, poco a poco, comenzamos a olvidar que hay más gente alrededor; gente que cumple nuestros deseos y por simplemente convivir, te saca de tu patrón cotidiano.

Pero no… Ya estás tan acostumbrado a que la amistad se lleve en los pantalones que inmediatamente rechazas la oportunidad de reencontrarte con un amigo sólo porque está en calzones.

Sín embargo, tú no eres el único embarrado, otro excelente ejemplo de cómo romper con lo establecido se convierte en un “establecimiento personal” es L’Chú, quien ha olvidado que hay gente a la que le “inquieta” la falta de pantalones en otros individuos.


-¿Lo dices por la barba?

-Si güey… por la barba… pero la de abajo… la que puedo, aunque no debo y no quiero ver…
-Y por el olor, y por las rastas y por las faltas de pantalones y por los pelos de tus ‘desos, ¡no mames L’Chú! ¿Qué te pasó? ¿De-evolucionaste?


-¡Jajaja! ¡Mon! ¡Estoy homely! No sabía que te habías vuelto tan guei…

-Creo que no fue tan buena idea volver a juntarnos… ¡Míranos! Somos como dos súper villanos con diferentes modelos de trabajo, yo le aposté al exilio, como el Doctor Doom, mientras que tú, a la mugre… como el Eco-Loco.
-Por lo menos ponte pantalones ¿quieres?


-¡Hitey-titey! ¡Jajajaja! Está bien, pero sólo por ti pimpollo. Pero ven… pasa a… ¡Amshouse!

-¡Pimpollo! Por un momento pensé que habrías olvidado cuánto me cagaba; y subrayo, me sigue cagando, que me llamen así.
-¡Pimpollo! ¿Por qué te acuerdas de eso?


-Porque estás pensando que soy un mugroso... Jah knows… Pero no importa ¿Jooks en Amshouse? ¿Pasas?

-¿Cómo lo hace? ¿Cómo se puede dar cuenta de que pienso que es un mugroso, pero ignorar que, en efecto, es-un-mugroso? ¡Eso no lo hacía el Eco-Loco!

Supongo que es mejor que tumbar arbolitos o matar flores y pajaritos.
-Viejo, estás mugroso…


Desde afuera, Amshouse se sigue viendo exactamente igual que cuando la visitaste por primera vez y, aunque siempre ha sido administrada por mariguanos, papá y mamá L’Chú eran un abogado-mariguano y una maestra-mariguana. L’Chú es un mariguano-mariguano.

Por dentro, la sala, los muebles, las vitrinas, las mesas, todo es igual. La misma sala estilo decó, el mismo comedor gigante que huele a madera de’sa de la bonita… Lo único diferente es el estudio, que ahora en vez de una gran mesa de billar tiene un gran centro de entretenimiento y de sus paredes cuelgan unos cuadros raros.


-¿Qué te parece mon?

-Creo que la mejor manera de definir esto es a través de la onomatopeya “¡gasp!”. ¡Viejo! Esto es increíble, ¡No mames pinche pantallonón! Es la casa de tus padres pero sin tu padres… ¡Ohhh…! Ahora lo entiendo… Tus padres eran las únicas figuras de autoridad capaces de sumergirte en al agua ¿verdad?
-Aquí están tus condones…


-¡Bad bwai! ¿Me trajiste el ticket?

-¡Chale! Además de mugroso, cuenta chiles. Otra cosa que no hacía el Eco-Loco.
-Sí aquí está, oye, me pasé como por mil pesos y compré…


-¡Drag me to Hell uncut! ¡Ay que verla!


-Primero me cuentas chiles y ahora quieres ver la película que compré… Ni mi hermano menor estuvo tan disperso la primera vez que tomó Coca Cola… y tenía 7 años… y hasta ese día, sólo conocía la dulzura de la fructosa.
-Sí… oye… me pasé como por…


-A sí… bz-bz-bz… fueron cinco mhel cuatro… ¡Ten seis mhel con todo y flete! ¡Jajajaja!

-Aquí hay algo raro…
-Gracias, siempre sabes cómo hacerme sentir un poco sucio.


-¿Qué tiene Mila’? Te noto tenso mon.

-Nada-nada, ya sabes, aquí, casual… viendo que el único amigo que según yo, tenía, se convirtió en la caricatura de un rastafari albino…
-¿Quieres que te sea honesto?


-Ja man… ¿Sabes otra forma?

-Conste pendejo…
-¡Cabrón! Puedo saborear tu olor y, neta, sabe a tocino. ¿Y qué pedo con esas rastas? ¿Sabes cuán pobre es la higiene de tu cabeza en este momento? ¿Y esa barba de chivo? Neta ¿qué pedo contigo viejo?


-¿I-man? ¡Tú! ¿Qué le hiciste a mi amigo Mila’?

-Crecí rastamandito, tuve que hacerlo, tuve que tomar responsabilidades, tuve que estudiar, tuve que aguantar mierda de mis padres, de mis maestros, de mis jefes y, en general, he tenido que aguantar mierda de absolutamente todo el mundo.
-Nada. Sigo siendo el mismo, sólo más viejo.


-¡Aliviánate pimpollo! Estás entre brothers.

-Creo que la tierra en la cabeza de este hipioso de mierda lo hizo olvidar la facilidad con la que mando a chingar a su madre a la gente y lo mucho que me caga que me digan “Pimpollo”.
-A ver L’Chú…


-¡A ver mi hood! Te invito a mi casa, te dejo pasar por mah gates, te sientas en mah homely ¿y te atreves a decirme quashie? ¿En mah homely? No eres más viejo, sólo más pendejo. You lagga hed…


Los individuos no cambian, cuando mucho, se adaptan a otros paradigmas y es normal que, al adaptarse a varios, pierda un pelín de su personalidad en el amplio espectro de influencias que lo rodean.

A fin de cuentas, todo lo que hacemos, es gracias a la imitación. No importan cuán chingón y original sea una pintura, ésta se logró porque alguien imitó a otra persona moviendo una brocha.

Cuesta mucho trabajo admitirlo, pero L’Chú, sigue siendo L’Chú, más barbón, mugroso, apestoso, extrañamente desprendido con el dinero y con menos pantalones. Pero L’Chú a fin de cuentas.

Su voz, sus expresiones, sus ademanes, éste es el mismo güey con el que sobreviste la preparatoria. Cuesta admitirlo, pero aquí, tú eres el diferente…


-Mira retrocabrón…
-Mira c-c… retro… c…


-¡NAH! ¿Estás tartamudeando?


-Tranquilo Milan… tranquilo… respira, levántate, acepta derrota y lárgate.
-Cre… c… Creo q… q… que… … Gracias p-por invit-t-t-t-t… tarme- L’Chú.


-Síentate mon.

-Siéntate.
-…


Tal vez lo único bueno en una derrota, es la posibilidad que nos presenta para estudiar a fondo, una serie de variables generadas por uno mismo en un ejercicio enfocado a no volver a cagarla.

Una vez aceptada la derrota hay que darle la bienvenida a la humillación porque, si uno deja a la humillación fuera de la fiesta, todos te la recordarán en cada oportunidad que tengan; en cambio, si uno la acepta, es muy probable que ésta se pierda en el resto de la parranda.


-¿Qué te pasa matey?

-Tranquilo… es tu compa… “Calmasión”…
-No. … Perdón. No puedo ignorar tu aroma.


-¡Jajajaja! Okee Admito que huelo mal…

-Muy mal.
-Terrible.


-Pero todo tiene una explicación…

-¡A caray! No sabía que ser inmundo era una corriente filosófica… ¿O es una religión choriza como la cienciología?
-¿Más allá no bañarse?


-Te gusta el bacón ¿ya?

-Sí, me gusta el tocino, aunque claramente, no tanto como a ti.
-Sí…


-¡Pues por eso no traigo pantalones mon!

-Tu higiene es mala porque a mí me gusta el tocino y por eso no tienes pantalones… ¡Larguémonos de aquí! Esto puede ser contagioso.
-Fue un gusto verte L’Chú...


-No ¡espera! ¡Jajajaja!, estaba preparando bacon para snack, pero se me cayó la sartén. ¡Cayó aceite caliente en la ropa y me la quité! En eso llegas y lo único que encuentro: una chamarra que dejó mi dawta.

-¡Sabía que no debía tomar el líquido que estaba en ese frasco que decía “Bébeme”! ¡Puta madre! Comienzo a sentir que me encojo…
-Okey… pero eso no explica esas rastas piojosas.


-Para empezar, no son rastas, son “dreadlocks”; y como cualquier parte del cuerpo, tienen su mantenimiento. Que no lo conozcas no los hacen sucios. Sólo te hacen lagga head.

-Creo que tienes razón… algo le pasa a mi cabeza, esta camisa se hace dos tallas más grandes… igual que mi pantalón, y mis zapatos… ¡no mames! ¡Hasta los calcetines!
-Okey… No lo sabía.


-¡Claro que no lo sabías matey! Y por eso te lo digo, porque soy tu amigo y no quiero que quedes como lagga head frente a un desconocido.

-Y así, perdimos en nuestro propios juego con la táctica más inesperada. Humildad y amistad.
-Perdón viejo… Lo admito. La cagué.


La derrota sólo debe llamarse así frente a un enemigo. Porque cuando es ante a un amigo, es aprendizaje.


-¡Matey! ¡Mon! … ¡No problema!

 -Sí, sí hay problema “matey”. Esto pasa todo el puto tiempo…
-Sí es un problema… uno recurrente. ¿Tienes algo de tomar?


-¡En la terraza está todo! Ahorita te alcanzo.


La terraza de Amshouse… Tal vez sea el toque jamaiquino con el que está diseñado, pero aunque es una terraza pequeña (tan pequeña como puede ser una terraza con alberca), se siente “exclusiva” como si fuera parte de una atracción temática de algún hotel.

Tomas asiento frente a la mesa de jardín donde, en efecto, hay una montaña de tocino, todo tipo de alcoholes, refrescos y en un plato de talavera poblana muy mono, un cerro de carrujos.

Sólo de oler los carrujos te da risa y hambre, así que, entre que no has fumado desde hace mucho tiempo y que no sabes su potencia, te limitas a servirte Jack Daniel y a cometer canibalismo metafórico comiendo tocino como cerdo.

Organizar tus pensamientos mientras comes tocino siempre es una buena idea. A menos que tengas el colesterol alto.

Piensas en todo lo que te acaba de decir L’Chú, en lo prejuicioso que eres, en cómo ha repercutido entre tus amigos, en James, en Lucía, en Diana… no… esa gárgola esperpentosa no cuenta. Pero los demás sí. En especial en Lisa…

Algo bueno del tocino y el Jack Daniels es que son repelentes para el tiempo y cuando el tiempo pasa lejos de ti, no te das cuenta de su paso.

Una hora y media más tarde, L’Chú llega con una bandeja gigante llena de tocino, pero más importante, con un conjunto deportivo color azul marino para cubrir sus miserias. Curioso, esta vez el olor del tocino, ya no te desagrada, de hecho, ya ni lo notas.


Ruvalcaba comenta:

Deseo tocino.

Recuerda que el tocino es fuente de sabor y combina con cualquier alimento.
También recuerda que lo que acabas de leer es la segunda parte de un gran capítulo de La Vida Detrás del Mostrador del buen Deavid Author.

Si no has leído la primera parte, pícale aquí.
Si quieres leer lo que sigue, dale acá

3 comentarios:

Yisus dijo...

Mmm, también se me antojó el tocino, jajaja.
Va muy bien Autor, que bueno que lo diviste en capitulos.

Jve Kt dijo...

Esto de ir por entregas esta re bueno, va muy bien la historia.

Kyerte dijo...

Genial, genial, genial
Se extrañaba compartiera sus amarguras con los fieles seguidores del congal.
Muy buena entrada :D

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