martes, enero 29, 2008

La vida FRENTE al mostrador.

Metatron’s Lounge Presenta:
Directamente del puño y letra
(teclado y dedos)
de Deavid Author...


Hoy fue uno de esos días...

Uno de esos días en los que las cosas comienzan mal, mal, mal...

De'sos en los que la vida no quiere que uno viva la vida:


Para quien no lo haya notado (entiéndase, aquellos que no son afines a este blog y que no se han percatado de que Deavid Author es un sujeto, que, además de referirse a sí mismo en tercera persona, siente la necesidad de escribir todas sus anécdotas en forma de cuentos fantásticos y/o a través de varias personalidades... Y además, hace paréntesi larguísimos), soy excéntrico, mucho.

Una de mis -tantas- excentricidades consiste en que, a pesar de que odio el horario de verano (esa mamada de adelantar el reloj una hora en no-sé-qué-época-del-año), lo hago, pero me da hueva volver al horario normal, por lo que yo mantengo el horario de verano todo el año. En menos palabras, vivo una hora adelantado a los demás ¡qué extremo!

Otra de mis excentricidades consiste en que, a pesar de que he tenido la oportunidad de cambiar mi celular, nunca lo he hecho, tengo la misma empanada galáctica que compre en la prepa, pero, como se puede suponer, la chingadera ya está un poco putiada y uno de los detalles que tiene es que a veces ya no suena. Pero no hay pedal, como buen mexicano -que soy-, encontré la forma de arreglarlo, y es quitándole la pila, poniéndole un par de golpes técnicos (chingadazos), y volver a ponerle la pila.

¿Cómo carajos se conecta un celular jodido con un cambio de horario? Probablemente alguno de mis Queridos Tres Lectores, ya lo dedujo, pero, como sé que no todos tienen las habilidades de deducción de Sherlock Holmes, Batman, o ya para casos más tristes, Ace Ventura, aquí le pongo la respuesta.

Al quitarle la pila al celular, el reloj se resetea y se pone con respecto a la hora oficial Telcel, o lo que es lo mismo, me quita mi hora de adelanto. ¡Qué poco extremo!

El otro día, se me olvidó volver a ponerle mi hora (extrema) al celular, pero lo que no olvidé fue ponerle la misma alarma que pongo siempre para ir a trabajar.

Si consideramos que vivo una hora adelantado, eso quiere decir que también pongo mi alarma una hora adelantado, pero ¡Oh surprise! ¿Qué pasa cuando el horario vale pirula? Obviamente mi alarma también, lo que se resume a:

“Os jodéis o inepto como sólo vos y llegaréis tarde a vuestro trabajo por ser inepto como sólo vos”.

Así comenzó este día.

Por fortuna, a medio dormir me di cuenta de que había mucha luz en mi jacal, por lo que entre sueños me dije a mí mismo:

“Deavid, como que hay mucha luz de Dios en tu jacal”.

Algo, no sé qué, pero algo (pudo haber sido la luz de Dios que entraba en mi jacal) me hizo ver que, el reloj de la pared (el cual mantiene el horario de verano) marcaba la 10:00 am.

10:00 am...

10:00 am...

¡Fother Mucker! ¡10:00 Antes meridiano! ¡Eso quiere decir que son las 9:00!

Como pedo (que es la cosa más rápida que conozco después de la luz y la madera), activé el mecanismo de mi cama que la levanta para dejarme caer como resbaladilla a mis pantalones y corrí fuera de mi cuchitril.

Como el gas antes mencionado, salí a la calle (sí, sin bañarme, al fin y al cabo estoy emulando un pedo), busqué mi Da-Móvil donde suelo dejarlo, pero ¡Oh surprise! No estaba.


Okey... Okey... no hay por qué emputarte... ¡Digo!, no es la primera vez que los cabrones de por aquí se sienten dueños de la calle y hacen que se lleven tu nave al corralón. ¡Total! Ellos creen que cagas dinero... ¡Claro! El otro día traté de pagar una multa con un cerote y me mandaron al tanque 48 hora por unos cargos en contra de la moral que ni sabía que existían.


Para mi “fortuna” el corralón está a una cuadra de mi casa ¡Albricias! Pero ¡Oh surprise! Por más que busqué y busqué, no vi mi coche.


No te preocupes Deavid... lo más seguro es que lo tengan en un lugar especial por ser cliente frecuente, anda, ve a saludar al buen Fermín, al fin y al cabo ya te conoce, tal vez él sepa abrir la compuerta a la guarida VIP para aquellos ineptos como vos que suelen dejarse por un judío, un gasolinera o un putoide con un trapo.

Tras interrogar a Fermín (y regalarle dos cigarros, que no son de importancia en la historia, no obstante, caben ser resaltados por eso de que dicen que todo lo que tenga que ver con policías se puede arreglar con tabacos. Es cierto), me comentó que mi coche no estaba en el corralón. Mis ilusiones de una sala VIP se desmoronaron frente a él.

Tipo, ¿dónde está mi coche? Por un instante pensé que podría hacer una buena película con ese título, pero después de imaginar a un pobre pendejo buscando su coche por la ciudad y darme cuenta de que es algo muy sarro para ser llevado a la pantalla grande (ajá) decidí seguir con mi búsqueda.

Para este momento, ya era más tarde, lo que quiere decir, probables problemas en mi reluciente, reciente y ... algo-bueno-que-termine-en-ente, trabajo, por lo que me fui por la opción más saludable. Me acerqué al tío-de-seguridad-privada más cercano al lugar donde dejé mi coche y muy cortés (y afónico) le comenté a manera inquisidora:


- A ver hijo'etuchingadamadre...
- Mire joven.


Miré su cintura, no traía ni un garrote, proseguí.


- No me interrumpa cabrón, ayer dejé aquí estacionado mi coche, ¿dónde vergas está?


El “oficial” miró mi cinturón... me preocupó que me viera con tanto interés la entrepierna... Neta... pero supongo que algo; que quiero creer, fue miedo, (porque créame que no la traía parada), lo hizo ir a preguntarle al turno anterior si sabía algo de mi coche.

Usando mis capacidades de Ace Ventura deduzco que él acababa de llegar. ¿A poco no soy revergas para acá, ver cómo está el purrum?

Otro topil de seguridad privada llega y me informa que mi coche no había sido robado ni remolcado por la grúa. Alivio.

Lo que pasó es que en la madrugada, una troca se estampó contre mi fiel y metálico Rocinante y fue llevado a Ministerio Público. Nauseas.


Okey Dave, esto es algo que le pudo haber pasado a cualquiera... pero me pasó a mí... ¡Qué pedo! ¡Es acaso que en verdad les ofende que use tantas blasfemias! ¡Contestad dioses sumerios! ¡Deavid Author os lo comanda!

Hubo una pequeña brisa que, supongo, se debió más al cambio climático que a mi reto en contra de aquellos ídolos paganos. Me sentí bien, pero no mucho.

Tras una llamada a Satán (así llaman a mi jefe. Créame, si tuviera contacto con el Demonio, desde hace tiempo que hubiera buscado la manera de emborracharlo y así, orillarlo a que retirara a RBD de la faz de La Tierra), en la que le expliqué mi situación, fui a mi casa a buscar la póliza del seguro de mi coche.

La encontré.

¡Albricias!

Marqué el teléfono indicado.

¡Albricias!

Escuché: “Todos nuestros agentes están ocupados, favor de esperar”.

Tristeza.

Tras largo rato, una monita, que, al igual que con la tierra de origen del Quijote, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, me atendió.


- Buenos días.
- Buenas.
- ¿Está usted asegurado con Seguros GNP?
- No, de hecho estoy con El Águila, usted sabe, esa de la tele que protege a los conductores de bajo riesgo y que suena como mi tía.
- ¿Perdón?
- ¿Está usted familiarizada con el término “sarcasmo”?
- ... ¿Está usted asegurado con Seguros GNP?
- ... Sí.
- ¿En qué puedo ayudarle?
- Mire, lo que pasa es que al parecer, desmadraron mi coche.
- ¿Usted lo vio?
- No.
- ¿Entonces cómo sabe?
- Lo que pasa es que llegué a donde lo había estacionado, pero al ver que sólo había un montón de vidrios en su lugar, pensé que era muy descabellada la idea de la transmutación de materia.
- ¿Perdón?
- Me dijeron.
- ¿Quién le dijo?
- Un pajarito.
- ¿Perdón?
- Es que así le digo a los policías.
- ¿Se lo dijo un policía o un pajarito?


A pesar de lo tentado que estaba por seguir decidí no mortificarla más.


- No señorita, mire, lo que pasa es que me dijeron que mi coche fue destruído por otro más grande en el transcurso de la madrugada.
- O sea que usted no lo vió...
- Sabe, me encanta que una idea tan simple sea captada de un modo tan sencillo, en efecto, no lo ví.
- ¿Entonces cómo sabe?


Resiste... resiste...


- Porque me lo dijo un policía.
- ¿El pajarito?


Lo admito, tuvo estilo.


- Así es...
- O sea que no está donde lo había dejado.
- Así es...
- O sea que no sabe dónde está.
- La misma respuesta de hace un momento.
- ¿Perdón?
- No, no sé dónde está.
- ¿Y ya investigó?
- No, si hubiera investigado, podría darle respuestas diferentes a “así es”.
- Bueno, pues investigue y cuando sepa nos llama para que le mandemos un ajustador.
- ¿Alguna idea de dónde puedo comenzar con mi investigación?
- Sí, un corralón, gracias por elegir GNP. (cuelga)


Creo que tengo que dejar de ser tan sarcástico con mis respuestas, es verdad, en momentos como éstos medito y pienso que no es tan bueno.

Dejaré de ser sarcástico, me cae, y comenzaré en el momento en el que estos pendejos dejen de hacer preguntas estúpidas. Lo prometo.

Salí a la calle, con mi póliza en mano y paré a la primera patrulla que me topé, le pregunté si tenía una idea de “Tipo, ¿dónde está mi coche” y me mandó a la hermana colonia Pensil; un paraje turístico de la capital conocido por sus callejones al estilo Guanajuato pero que, en vez de historia, pululan con criminales.

Ya en el ministerio público, le pregunté al primer burócrata a ver si “Típo, sabía ¿dónde estaba mi coche?”, me señaló a una mujer que más que mujer parecía una especie de matrona rusa viviente que guardaba dentro de ella muchas otras mujeres rusas. Todas gordas.


- ¿Usted es del coche verde?
- Sí, me dicen el avispón, pero mi apelli...
- A ver, ¡déjese de tonterías! ¿Es o no es?


Okey, la gorda tiene carácter... hay que dejarse de mamadas... Sólo de algunas.


- Sí, soy yo.
- A ver... siéntese allí.


Ya sentado -allí-, me dejé llevar por el azaroso ritmo de las teclas que Obezóntar (palabra inventada por el master Balmori y que uso sin su consentimiento), presiona.


- A ver, usted.
- ¿Moi?
- ¡Usted no se haga el gracioso!
- No me hago... (pose heroica) Lo soy.
- Mire joven, no sé si su mamá lo aguanta, pero fíjese que yo no soy su mamá, así que aquí se me cuadra entendido.
- Tiene suerte señorita (pequeña risa), justo ayer me gradué de mi curso de cuadramiento.
- ¿Se va a seguir poniendo duro?
- (la miro, sonrío) No, no lo creo.
- Órale pues a ver, venga pa’cá a dar su declaración.
- Órale pues.


Tras otro rato en el que Obezóntar se dedico a teclear no-sé-qué...


- ¿Ya vio cómo quedó su coche?
- Noup.
- ¿En cuánto estima los daños?
- Esteee... no sé si se percató, pero le dije que no he visto mi coche, por lo tanto, no...
- ¡Aish! ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya!... Usted es de esos que se sienten bien chistositos ¿verdad?
- ¿Ya nos conocíamos? Porque mire que soy muy bueno para record...
- Mire joven, salga por la puerta.
- Yo quería salir por la vent...
- (tono amenazador) Miiire joooven...
- Salgo por la puerta...
- ... Y allí a la sigue la calle y allí está su coche.


Muy a mi pesar, porque de verdad que quería usar la ventana, me vi forzado a salir por la puerta. Seguí la calle. Y “allí” estaba mi coche. Dolor.

¿Cómo describirlo? Veamos... digamos que mi coche era (del verbo lo sigue siendo, pero ahora en otra categoría) un Chevy Pop, pero, gracias a un cabrochingadazo, se convirtió en un Smart modelo chatarra.

La cajuela se metió más o menos a la altura del asiento de atrás y el cobre más o menos a la altura del piloto. Un buen madrazo como vulgarmente dicen por ahí. ¡Ash!

El coche, a medio desvalijar me llenó de sentimientos, vamos... ese coche era la onda, me había llevado a muchos lados, me había sacado de muchos pedos y ¡claro! Me había hecho gastar en multas, corralones y refacciones, pero ¡conunaverga! Era coche, mío de mí y su único pecado fue estar estacionado a las 3:00 de la mañana en Lomas de Sotelo.

Tomo mi celular y marco al seguro, después de todo, “Tipo ¡he encontrado mi auto!”.

Escucho: “Todos nuestros agentes están ocupados, favor de esperar”.

Tristeza.

Tras largo rato, un monito, que, al igual que con la tierra de origen del Quijote, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, me atiende.


- Buenos días.
- Quiobo.
- ¿Está usted asegurado con Seguros GNP?
- Sí y le llamo porque tengo una duda ¿Qué quiere decir GNP?
- ¿Perdón?
- Olvídelo, sí, estoy asegurado con GNP.
- Bzzzñmejjjennn ssssñññññzzzzsssmmmmeej...
- ¿Guat?


Se corta la llamada.


Vuelvo a tomar mi celular y marco al seguro.

Escucho: “Todos nuestros agentes están ocupados, favor de esperar”.

Tristeza.


Tras largo rato, el mismo monito, que, al igual que con la tierra de origen del Quijote, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, me atiende.


- Buenos días.
- ¡Qué pasó pendejo!
- ¿Está usted asegurado con Seguros GNP?
- Err... te acabo de insultar.
- ¿Está usted asegurado con Seguros GNP?
- Santo cielo... han tomado tu alma... Sí, estoy asegurado con GNP.
- ¿En qué puedo ayudarle?
- Mi coche está hecho mierda frente a un ministerio público, dame dinero.


Tras intercambiar varios números de pólizas, casos, lugares, placas y demás; al fin, el tipo de la aseguradora decide mandarme a un ajustador, que, contrariamente a lo que quisiera imaginar, no era un caballero con una lanzota en montado en un caballo de batalla, usted sabe, por eso de las justas.

Tuve que pasar a un segundo round con Obezóntar.


- ¿’Tons qué Man’to? ¿Cuánto le hechas a tus daños?
- No sabría decirte man’ta, para eso le pago al seguro, para que ellos digan números.
- Uuuuta... ¿‘Pus qué? ¿Es tu coche o el del seguro?
- Fíjese que podría responderle con el sarcasmo que me ha estado caracterizando, pero temo que, como buen burócrata que tan honorablemente se nota que es usted, lo tome de manera literal y me quiera ensartar, haciendo un claro hincapié en que lo último que deseo es ser ensartado por cualquiera de los aquí presentes.
- ¿Qué?
- Ahorita que llegue el ajustador que él le diga de a cómo nos toca.
- Órale... yo nomás decía para acelerar esto ¿no?
- Sí, supongo que todo lo que usted hace lleva un estridente ritmo.
- ¿Qué?
- Gracias por su preocupancia.
- Nooo... si yo no me preocupo, ire (señala a un tipo con la frente llena de cortadas) ése’s el que le dio en la maraca a su coche.


El tipo me observa como si yo lo estuviera deteniendo... honestamente me sentí mal por él. Es obvio que por el irreparable daño que le hizo a mi coche, el sujeto tiene problemas de índole personal contra objetos inanimados y/o inertes. Supuse que ver las carnes de Obezóntar era una tortura enorme.

Decidí saludarlo.


- Quiobo mano.
- Psss... ¿Qué pasó?


¡’Sálaverga! ¿Qué pedo con el Ministerio Público? ¿De cuando a acá le dan a los detenidos mezcal “Azote del Norte”?


- Chale... son bien tardados ¿verdad?
- Este... sí... oye... errr... ¿venías tomado?
- Psss... la neta sí...
- ¿Azote del norte?
- ¿Qué pasó banda?
- Nada, nada...
- Oye banda... psss... ¿Cómo quedó tu coche?
- Digamos que convertiste mi Chevy en un Smart.
- ¿Cómo?
- Lo convertiste en un montón de chatarra.
- ¿Cómo?
- Tú, manejar, tú chocar, rum-rum, mi coche, ¡PUM!
- Óoorale... ¿no pues o sea que sí lo dejé mal?
- Sí... lo dejaste mal.
- Chaaale... qué mal.
- Muy mal. Oye, tengo que ir a ver si... este... si venden Coca-cola en una tienda.
- Sale, yo aquí me quedo.


Bien lo dijo Bretón, México es un país surrealista, este tipo de conversaciones parecieran sacadas de lo más profundo de mi culo, pero no es así, son sacadas de lo más profundo de mi memoria, y eso, sí está del culo.

Pasó un rato y al fin llegó el ajustador, y como ya había mencionado antes, no llegó en un corcel. Llego en un Chevy.

Me preguntó cómo estuvo el pedo.

Le conté.

Me preguntó donde estaba mi coche.

Le Mostré.

Al ver lo que quedó de mi nave hizo “¡Ssss!”

Le secundé.

Me pidió que llenara y firmara unas madres.

Las llené y firmé.

Y así... pasó todo el día. Me preguntaron mi versión, me preguntaron dónde estaba mi coche, todos hicieron “¡Sss!”. Más tarde llegaron los padres del zopenco que desmadró mi nave, me preguntaron mi versión, me hicieron que les mostrara mi coche, hicieron “¡Sss!”. Y así...

Todo mi día se perdió por culpa de un pendejo. De uno cuya vendeta personal contra los objetos inanimados fue animada por el chupe... ¡Puta madre! Si tomas no manejes, ¡No mames!

Hoy fue uno de esos días, el pedo empezó a las 9:00 am y terminó a las 10:00 pm, claro está que, entre los padres, el ajustador, los peritos, el remolque, mi tímida y fortuita acción de salvar lo poco que quedaba dentro de mi coche y los kilos de “¡Sss!” mi día se fue a la mierda.

No es mamada Queridos Tres Lectores, pero aquellos que me conocen saben que, desde hace años que no me pongo borracho, asimismo, aquellos que me tienen la mala suerte de tratarme en persona, saben que yo no necesito del chupe para pasármela bien.

No espero que todos sean como yo, ¡Dios! ¡Qué horror!, pero sí entiendan algo, el alcohol y el (a petición de varios) el volante no se llevan bien. Neta.

Si algo ha de quedar de esta historia, que sea lo siguiente:

Toma y maneja, pártete la madre o mátate, pero por favor, no lo hagas contra mi propiedad.

-El Autor.


PD: Sabía que había prometido una cosa de unas chavas, pero creo que esto merecía un momento del blog. La próxima ya es la güena.

No hay comentarios.:

¡No lo olvide!, estos banners son gratis y mejorarán la imagen de su sitio.